Dispositivos y la memoria

Todo está compuesto por retazos. El hombre está compuesto por multitud de retazos. La ciudad está compuesta de retazos. La memoria. La música. Las diferentes composiciones. Los cuadros de Picasso. La vida misma.

Líneas Transversales, Vassily Kandinsky

Líneas Transversales, Vassily Kandinsky

Los retazos componen nuestra memoria. Pueden ser recuerdos, momentos vividos, sensaciones, olores, incluso movimientos. Los retazos nos invaden y nos forman. Hacen de nosotros lo que somos, y somos la arquitectura que proyectamos. Sueño y poesía.

Proyectamos espacios desde la memoria. Sin memoria, sin esos retazos de experiencias que hemos vivido, no seríamos capaces de inventar, de crear nuevos mundos. Y esos nuevos mundos parten del collage de nuestra memoria. El trabajo del arquitecto consiste en ordenar, transponer y crear sensaciones a partir de esos retazos. Cuando proyectamos damos en esencia un parte de nosotros mismos. Los nuevos edificios crean nuevas historias. Al igual que las personas, tienen sus propias vidas y recuerdos. Me apasiona la idea de participar en la creación de micro-climas, que para algunas personas se convierten en especiales o únicos.

Pero si nos alejamos aún más, ¿qué es en realidad un retazo?

Para mí, ese sonido que te transporta a tu infancia, ese olor que te recuerda a un ser querido, esa habitación que en la adolescencia convertiste en tu refugio privado.

Todo está conectado. Todos esos retazos, incomprensibles, aparentemente desconectados, recuerdos fraccionados, lagunas en la memoria y también los que perduran muy vivos, como escenarios intactos con todo lujo de detalles. Todo eso compone nuestro pequeño universo. La mezcla de esos micro universos privados crean sociedades y estas a su vez, ciudades. Y las ciudades están llenas de recuerdos, y si… de retazos.

No puedo hablar de retazos sin nombrar las fuerzas opuestas, pues estas suelen darle otro sentido. Me gustan los opuestos. El valor de la memoria frente a las nuevas utopías. El casco más antiguo de un pueblecito, la casa vieja que aún perdura, esos lugares que ocultan pasajes históricos ya olvidados. Me gustan las grietas y los muros interrumpidos. Me gusta la naturaleza que nace en lugares no programados para ello. Me gustan los habitantes de ciudades que hacen de sus calles sus hogares. Su opuesto podría ser la cara más cosmopolita y urbana de una gran ciudad. Retazos de escenarios urbanos que sólo sirven como tránsito. Pasos de peatones cuyo flujo de transeúntes permanece invariable tras el paso de las horas. Autobuses y tubos bajo tierra que mantienen un ritmo constante y enloquecido desde las siete de la mañana hasta las once de la noche. Si estos retazos se traducen en ritmos, podemos decir que la arquitectura se traduce en música.

Los opuestos me atraen porque contienen de forma innata respuestas mudas. He aquí parte del mundo invisible que en este blog tanto apreciamos.

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